Marina Núñez presenta en el Centre del Carme su particular visión del mundo: un mundo en constante movimiento donde el ser humano convive y se mezcla con la arquitectura del pasado y del presente.
A través de 9 videoproyecciones instaladas en las capillas de la Sala Ferreres la artista muestra un mundo distópico que transcurre más allá del refugio de la nave central y en los que muestra las señas de identidad de creación visual y metáforas sobre el espacio y el tiempo.
En los vídeos se pueden ver unas puertas cerradas que se van abriendo para mostrar el exterior del convento. Durante un minuto el espectador se traslada a un mundo ficticio que podría ser el futuro o incluso algo imposible. Las puertas se cierran tras un fuerte golpe. El espectador se despierta y vuelve a la realidad.
Según explica la comisaria, Alicia Ventura, “fuera del convento, el mundo está en ruinas, arquitecturas del pasado se mezclan con las del presente. Ciudades con rascacielos, edificios industriales junto a vestigios medievales y clásicos. Paisajes desolados, ruinas devastadas, restos de edificios entre los que aparecen despojos humanos, quimeras, que componen escenas enigmáticas”.
Poco a poco los vídeos van mostrando el nacimiento de una nueva vida. El recorrido por las diferentes instalaciones está acompañado por una música figurativa y violenta que provoca la inquietud y la necesidad de seguir descubriendo.
Finalmente las dos últimas salas muestran unas mujeres de cuerpos muy recortados pero que, provistas de movimiento, llevan sobre sí el peso de un nuevo nacimiento. A ellas se les atribuye al mismo tiempo la devastación, el desastre que es el germen de un renacer y por tanto la creación de un nuevo paisaje.
Al igual que sucedió con el movimiento romántico, la artista encuentra en la literatura de terror un medio de inspiración y desarrollo de las cuestiones que la inquietan: la lucha contra la muerte, la libertad de mente, el miedo a lo desconocido o las relaciones entre ciencia y ética Su obra nos permite ahondar en campos muy cercanos, pero a la vez intangibles y siempre desde una doble vertiente: la muerte y la vida, morir y nacer.
El espacio del Carmen de Valencia es el más apropiado para realizar estos juegos poéticos: un antiguo convento, de perfiles renacentistas que se potencia abriendo nueva visión, que rescata el alma del edificio que, tras sufrir diversas transformaciones a lo largo de los años conserva huellas tanto visibles como invisibles.
CENTRE DEL CARMEN. C/ MUSEO, 3 , VALENCIA - CONSORCIO DE MUSEOS
Fuente: www.comunica.gva.es