La Bienal de Venecia 2009 y el fin de la teatralidad

La Bienal de Venecia 2009 y el fin de la teatralidad

Este mes se estrena la mítica Bienal de Venecia con la participación de más de setenta países y más de noventa artistas. Este año se han superados todas las expectativas de ediciones anteriores, pues no sólo se ha incrementado el número de artistas y países invitados sino el número de pabellones nacionales, lógicamente, y por la inauguración de nuevos espacios de exposición a estrenar por los afortunados que puedan pasearse los próximos días por lo más transgresor de la cultura artística actual. Con el espíritu de la franqueza en una mano y el lema de que el arte no es más arte por su tamaño o efectismo, Daniel Birnbaum dirige esta edición que promete construir nuevos horizontes y desafía los modelos artísticos ya consagrados, como ya adelanta el título de esta Bienal, Making Worlds.

 

De entre los artistas seleccionados destacan los que por su trayectoria apoyan a los más jóvenes : Blinky Palermo, Gordon Matta-Clark, Baldessari o Yoko Ono, entre otros. Representando al pabellón español y dejando el pabellón muy alto (valga en esta ocasión la redundancia) se encuentran nombres como Bernardi Roig, Miguel Barceló, Sara Ramo y la pareja David Bestué y Marc Vives. Artistas que tienen en común con el resto de congregados el interés por crear una obra propia y por el valor del concepto de arte en sí, sin importar la calidad de los materiales o que el resultado sea de una espectacularidad abrumadora, reivindicando la productividad del artista más allá de los museos y las ferias de arte. En esta edición estarán presentes los espacios de elaboración como el taller del artista haciendo hincapié en el proceso de creación de la obra. En palabras de Birnbaum: La proximidad con los procesos de producción, que “dará como resultado una exposición más cerca de los sitios de creación y formación (el estudio, taller) que de la tradicional muestra de museo, que tiende a destacar sobre todo a la obra concluida. Algunas de las obras representarán ‘mundos en construcción’. Una obra de arte es más que un objeto, más que una mera mercancía. Representa una visión del mundo, que considerada seriamente es una manera de “hacer un mundo. Destaca también la presencia de artistas indios, chinos o del Medio Oriente, teniendo en cuenta el amplio desarrollo artístico de estos países en los últimos años y que enlaza también con la idea de esta Bienal de apertura a nuevos universos, más allá del pensamiento europeo.

 

Bernardí Roig y sus dioscuros de poliéster.

 

Hasta Venecia se fue Consuelo Ciscar en calidad de comisaria y directora del Museo de arte Moderno de Valencia ( IVAM) para inaugurar en la Galleria D’Arte Moderna de Venecia, más conocida como Ca’Pesaro, la exposición de Roig. Una muestra patrocinada por la Bienal y que ha tenido de testigos al director del museo Silvio Fuso (comisario) y al director General de Bellas Artes y bienes Culturales del Ministerio de Cultura, José Jímenez.

 

“Los límites de mi arte son los límites de mi mundo”. Así introducía Bernardo Roig su exposición Shadows Must Dance en la que enfrenta sus modernas obras con las que ya luce la famosa Galleria. La que quizás más desasosiego genere es Herr Mauroner .Se trata de un hombre en resina de poliéster blanco, que carga con unos tubos de neón que le ciegan y se asoma a uno de los balcones de la galeria. Lo que le ciega no es la luz que irradian los neones sino el arte que puede ver cargado de devoción hacia modelos ya obsoletos para el artista. El significado de las obras de Roig entre otras obras del pasado adquiere esta traducción peculiar capaz de descolocar la percepción del espectador que se mueve entre objetos de siglos anteriores y de repente se encuentra con Antonfrozen (2007). Un hombre arrodillado de brazos cruzados, gira levemente la cabeza ante un retrato del artista alemán del siglo XIX, Wilhem Leibl. Recuerda su concepción a las fornidas esculturas romanas de mármol, pero este extraño hombre es una complicada mezcla entre la piadosa religiosidad y el ideal existencialista de Nietzsche, Kierkegaard o Sartre. Como envuelto en desagrado, este personaje se aleja del mundo poblado hacia una introspección solitaria, ajeno a todo lo que considera ya impregnado de un nihilismo en el que no hay esperanza, pero la pieza encierra en sí algo más que el reflejo de un gesto. Se trata de un lenguaje artístico que no concluye a raíz de la relación con el espacio expositivo aunque en el caso de Antonfrozen es evidente que su significado original se ha visto enriquecido. Las obras de Roig son el ejemplo de que hay que mirar más lejos de la línea del horizonte y que las obras de arte encierran una complejidad susurrada al oído en un lenguaje que siempre hay que seguir practicando

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