EL THYSSEN PRESENTA EL MATISSE MÁS ÍNTIMO Y SENSUAL

EL THYSSEN PRESENTA EL MATISSE MÁS ÍNTIMO Y SENSUAL

HENRI MATISSE: Etapa de refugio en Niza

 Considerado uno de los grandes de la pintura del siglo XX, Henri Matisse tuvo un papel crucial en la consolidación del arte moderno. Un maestro del color y las sugerencias, adquiere su estilo más personal entre 1917 y 1941, es precisamente este período el que abarca la exposición que exhibe el Museo Thyssen-Bornemisza desde el pasado 9 de Junio hasta el 20 de Septiembre comisariada por el que fuera director del museo hasta el 2005, Tomás Llorens.

 Las obras que podemos contemplar en la muestra Matisse:1917-1941 son las realizadas por el pintor durante su estancia en Niza. En general son obras luminosas y coloristas, de íntimos, urbanos y exóticos interiores y exteriores bañados por el sol y la potente claridad azul del mar en esta lujosa reliquia de la Rivera Francesa.

 Matisse llega a Niza en 1917, dejando atrás París y su familia y sobre todo, la fama de fauve, de maestro de la bidimensionalidad y el color puro. De su amigo y admirado Cezanne recupera la búsqueda de la profundidad. Los interiores convertidos en escenarios morunos repletos de ventanas y celosias por las que se cuela sensualmente la luz, son estancias en las que se reúnen las modelos y bailarinas. Desnudas y odaliscas, en homenaje a la influencia que ejercieron en él Ingres y Delacroix viajan desde su etapa anterior para descansar en Niza, pero ahora desde una investigación más intrínseca a raíz de la cual Matisse intenta evolucionar en la percepción visual . Este aspecto proviene de la obra de Veermer y la escuela pictórica de los Países Bajos del S.VXII, escenas domésticas, que aquí son del todo burguesas, atractivas y sensuales en las que la mujer sigue siendo la protagonista, el desnudo el atuendo perfecto y el ambiente creado intenta recuperar la mística elevada y oculta de los lienzos holandeses. Los estampados de los cortinajes, las sedas de los vestidos, las flores, el juego de baldosas del suelo, las frutas, los tableros de ajedrez, las estampas japonesas, proporcionan el color y determinan el espacio, así en Dos odaliscas, una desvestida, con fondo ornamental y damero (1928, óleo sobre lienzo), muestra a dos mujeres en primer plano, recostadas cómodamente, en un ambiente privado y rico, bañadas sólo por finas telas y la luz que se cuela caprichosa a través de las persianas, rodeadas de color y formas curvas arabescas. No solamente la luz, el color y el espacio sino el mundo árabe y su cultura entraban en el idioma artístico de Matisse. Plenamente feliz Matisse será en esta etapa y más que nunca un pintor del lujo, la calma y la voluptuosidad, como versa el título de un cuadro suyo de 1904, adquirido más tarde por Signac.

 Según el historiador y crítico de arte Juan Manuel Bonet, esta es una etapa infravalorada por los historiadores del arte más académicamente modernos a los que les cuesta aceptar las reflexiones pictóricas de este período como una vuelta al postimpresionismo. En estos años Matisse tiene una relación de mutua admiración con el viejo Renoir como la que tuvo con el joven Picasso antes de que surgiera la competitividad entre ellos. Pasaban horas y horas de conversación sobre la vida y la pintura de ahí, entre otras, la indagación del volumen y el espacio. Matisse parte de su pintura impresionista al aire libre en un largo recorrido fauve hasta una pintura extremadamente naturalista, encandilado por las modelos que pinta a menos de un metro. Anteriormente había sacrificado el detalle y la profundidad del espacio en beneficio sólo del color. En esta etapa en Niza recupera todos sus motivos en unas pinturas que apelan al gozo y al deleite siendo reflejo al mismo tiempo de la plenitud espiritual del artista en esos primeros años de su estancia en Niza, y del paraíso que suponía este reducto de la Costa Azul, como lo fueron para el pintor Marruecos, Argelia, Córcega o Tahití.

 En 1930 concibe La Danza, una nueva versión de su famosa obra, encargo de la Fundación Barnes. Mientras el pintor se veía más ensimismado en la pintura el mundo giraba rápido y tomaba otras direcciones. En los años sucesivos Hitler subirá al poder y declaraba arte degenerado a toda manifestación artística que no correspondiera a los ideales de belleza y tradición que imponía el régimen nazi. Más de 650 obras fueron requisadas en Alemania y artistas como Paul Klee, Van Gogh, Chagall, Munch, o el mismo Picasso entre muchos más, fueron llamados locos y corruptos. Alemania ocuparía Francia refugiándose Matisse en su universo personal de Niza volviéndose su pintura más “agresiva” en la década de los cuarenta en el tiempo en que el arte moderno sufría un ataque frontal. Durante los años siguientes continuaría haciendo xilografías y aguafuertes que se cuentan por cientos, gouaches y escultura, realizó ilustraciones para escritores como Mallarmé o Joyce, y por supuesto continuó pintando.

 La exposición del Thyssen muestra la obra de un pintor que ha asumido que es uno de los primeros de su generación y se concentra en su trabajo. En su retiro voluntario en Niza desarrolla su estilo gustando del sol del Sur, aprovechando las horas de luz al máximo y transformando su pintura en una fórmula que tiene que ver con la relación cercana y personal hacia sus modelos, con el cuerpo femenino, con la figura y concretamente el desnudo. Una pintura orientada cada vez más al dibujo entendido como escritura, como documento, en cuadros de pequeño formato como metáfora de la sutileza y la intimidad

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