A Takashi Murakami (Tokio, 1962), conocido como el Warhol japonés, se le ha dedicado una completa retrospectiva en el Guggenheim de Bilbao que podrá verse hasta el 31 de mayo. Un artista multidisciplinar que aúna múltiples influencias y recursos de la pintura tradicional japonesa (nihonga) y la iconografía budista, así como de los rollos de pintura del siglo XII, la pintura zen, el anime, el manga, el Pop Art americano o el Surrealismo europeo.
Esculturas, pinturas, moda, animación y objetos de merchandising son expuestas en un recorrido cronológico que permite al visitante tener una amplia visión de la obra de este peculiar creador, crítico con la sociedad japonesa actual, su tradición cultural y su evolución tras la Segunda Guerra Mundial.
Murakami, con una trayectoria de casi veinte años, ha trabajado con marcas de moda tan conocidas como Louis Vuitton, Levi’s o Kangol e incluso con Nissan Motor Co. Se introdujo en el arte contemporáneo en 1990 de la mano de su amigo, el artista Masato Nakamura y, tres años después, comenzó a ser reconocido internacionalmente por su curiosa y particular síntesis de tradición y cultura popular, imbricando la alta y baja cultura.
El estilo artístico Superflat (superplano), acuñado por él mismo, redunda en la idea de la bidimensionalidad y en la búsqueda de la disolución de los límites entre la alta y baja cultura, como ya hiciera el Pop Art en general y Andy Warhol en particular.
Murakami es consciente de que la receta para alcanzar el éxito pasa por una cuidada combinación de múltiples actividades extra-artísticas y “la creación de iconos para museos”, cosa que sabe aprovechar y explotar como hicieran otrora artistas de la talla de Picasso, Dalí o el Warhol original.
Para más información: www.guggenheim-bilbao.com www.english.kaikaikiki.co.jp