“El cine es una máquina de verdad”, con esta frase de Fellini inauguraba Isabel Huppert, presidenta del jurado,el pasado 13 de Mayo en el Grand Téâtre Lumière , la última ceremonia del Festival anual de Cannes.
Este año se ha notado la crisis, tanto en la ocupación hotelera que se genera a raíz de este acontecimiento como por el evidente descontento de los paparazzi por la ausencia de celebridades, las fiestas ostentosas venidas a menos o la notable disminución de medios de comunicación cubriendo el evento. Aún así han sido once días de lujo cinematográfico por el que han desfilado lo mejorcito de la creación y de los que ha salido triunfante un Haneke que se ha llevado la Palma de Oro por Das weisse band (La cinta blanca) y Jacques Audiard, Gran Premio del Jurado por Un prophète.
En esta ocasión se ha vivido un festival en el que ha habido de todo y para todos. La primera jornada se inauguró con la proyección de la primera película de la factoría Disney/Pixar. Es la primera vez que ocurre que el festival se inicie con una película de animación. El cine español tuvo una presencia especial, competían Los abrazos rotos de Almodóvar (que apareció junto a su habitual inmenso coro de actrices) con el Mapa de los sonidos Tokio de Coixet. Maribel Verdú y Carmen Maura aparecen en Tetro, la última de Coppola coproducida en España. Los directores españoles Juan Carlos Fresnadillo y Miguel Ángel Bayona, apadrinaban la Semana de la Crítica, certamen parelelo al de Cannes. El domingo presentaba un relajado Alejandro Amenábar Ágora, protagonizada por Rachel Weisz. Tuvo una gran acogida entre el público y la crítica pero la ausencia de nervio del director de debía a que este año su film no iba a concurso. Rodada en inglés como ya ocurriera con Los Otros, y con un presupuesto, dicen, de más de 50 millones de euros, Ágora promete ser espectacular. Ambientada en el Egipto del siglo IV, trata de las hazañas épicas de la filósofa Hipatia (Weisz), una de las grandes eruditas grecolatinas de la Antigüedad, por salvar la gran Biblioteca de Alejandría. Y hasta aquí podemos saber los que no hayamos tenido el placer de verla y tengamos que esperar a su estreno internacional este otoño.
Esta edición se ha destacado por la reunión de miembros que ya han sido galardonados en otras ediciones. De las veinte películas que compiten cuatro son los directores que tienen Palma de Oro en sus estanterías y otros seis cuentan con otros premios importantes en Cannes. Almodóvar, ganador en 2006 por Volver afirmaba que “la lucha iba a ser difícil” y con razón. Así, Quentin Tarantino, Palma de Oro en el 94 por Pulp Fiction, presentaba Malditos bastardos, protagonizada por Brad Pitt y ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Lars Von Trier, ganador de la Palma de Oro en el 2000 por Bailar en la oscuridad, siempre polémico, afirmaba ser “el mejor cineasta del mundo” y se defendía con su peculiar cinismo de los abucheos de muchos que veían un insulto en su Anticristo. La directora Jane Champion, Palma de Oro por El Piano en 1993 (primera mujer en ganar este premio en 46 ediciones), vuelve al certamen con Bright Star. El británico Ken Loach, premiado en 2006 por El viento que agita la cebada, compite este año con Looking for Eric. El director taiwanés Ang Lee, que no tiene ningún premio en Cannes aunque sí dos Oscar y varios premios europeos, suscitaba elogios en la crítica con su film Talking Woodstock, mientras Clint Eastwood recibía la merecida Palma de Oro Honorífica. Junto a la presencia ya nombrada de Francis Ford Coppola, Palma de Oro por Apocalipsis Now en 1979, otro de los gestores de la creación del cine americano moderno, Martin Scorsese, presentaba una enorme lista de filmes restaurados de directores como Fellini, Godard, Visconti, y Antonioni , cuya película La aventura (1960) inspira el cartel del festival de este año. Finalmente, el austriaco Michael Haneke, Gran Premio del Jurado por La Pianista en 2001 recogía La Palma de Oro 2009 por Das waisse band, Viaje en blanco y negro hasta el seno del nazismo en una pequeña región del Norte de Alemania a principios del Siglo XX. Una cinta dedicada a la violencia, su semilla y desarrollo, como otras películas de este director:“Mi cine esta siempre enfocado en la violencia, porque en la sociedad moderna en que vivimos es imposible evitarlo. Me gustaría que me consideraran un especialista en la representación de la violencia en los medios”, decía en rueda de prensa.
Ha sido éste un certamen sobrio y melancólico desde el que se oían los ecos de la Nouvelle Vague, la vanguardia del cine italiano de los 60′ y en general, de los creadores que ayudaron a escribir la historia del cine así como un repertorio de influencias que siguen suponiendo la inspiración de muchos de los directores actuales. Nombres como Alain Resnais, Jean Louis Godard, Sergio Leone, Luchino Visconti, Bergman, o Fassbinder son ejemplos de las muchas alusiones en diferentes sus diferentes formas, al cine del pasado, presente en esta edición.
La alfombra roja que contemplaba la sesión de fotos que Brigitte Bardot ofrecía en la playa a finales de los 50′, que fue testigo en 1955 del primer encuentro entre la actriz preferida de Alfred Hitchcock , Grace kelly y el príncipe Rainiero, que acompañaría los pasos de un Buñuel que ganaba en 1961 la Palma de Oro por Viridiana cuando en España aún no se había proyectado por la censura franquista; alfombra que vió como Madonna mostraba, casualidad del momento, su sujetador diseñado exclusivamente por Jean Paul Gautier y soportó el pesado desfile de los todavía ebrios famosos que habían acudido a la fiesta Noche Romana, con motivo del estreno en Cannes de La Dolce Vitta. Alfombra roja testigo de miles de anécdotas, se recogía ayer dejando en el aire un último recuerdo, el de las actrices Sophie Marceau y Mónica Bellucci, también de rojo vivo, el glamour personificado, distantes como un par emperatrices con la seguridad del que juega en casa, que estrenaban esta última edición del Festival de Cine de Cannes.