El Guggenheim Bilbao dedica hasta el 6 de Septiembre una retrospectiva de la obra del artista chino más importante y cotizado hoy en día. Quiero creer (I want to believe) es el título del homenaje patrocinado por BBVA a la trayectoria de este artista asiático. Su trabajo impecable e impactante que le hizo merecer el León de Oro en la Bienal de Venecia en 1999 visita España tras haber estado hasta el 28 de Mayo en el Guggenheim de Nueva York, ocasión en la que la exposición fue descrita por la revista The Economist como “el evento del 2008″. Esta retrospectiva es la única que se dedica en solitario a un artista asiático en los museos Guggenheim y viene firmada por un equipo curatorial de lujo integrado por nombres como los de Alexandra Munroe, Conservadora Jefe de Arte Asiático del Solomon R. Guggenheim de Nueva York, o Thomas Krens, Asesor de Asuntos Globales del mismo. Se trata de más de ochenta piezas realizadas desde los años ochenta del siglo pasado hasta ahora.
La práctica de Cai Guo-Qiang ( China, 1957), consiste en hacernos material lo abstracto. El origen del Universo y la creatividad del ser humano son sus leit motiv y su empeño es mostrar al espectador el espacio y el tiempo traducido en objeto y superficie. Un mensaje sobre el pasado y el destino que nada tiene de místico realmente, puesto que para un oriental el poder de las creencias, los mitos y hasta el feng shui, son tan veraces como lo que sí podemos ver, tanto es así que la filosofía de este autor nos habla de un fuerte poder revelador que nace desde los dioses y los elementos, de la capacidad para hacer palpable lo oculto. Es evidente la asimilación de creencias y mitos culturales procedentes de la religión budista y taoísta pero no sólo este bagaje tradicional, sino también la influencia de las tendencias contemporáneas del arte extranjero haciendo del trabajo de Guo-Qiang un producto internacional. La potentísima energía nuclear y la teoría del Big Bang, la historia militar de Mao Tse Tung y el terrorismo son otros motivos que le obsesionan. A pesar de que el artista vivió la Revolución Cultural china hacia 1966 en contra del Partido Comunista chino, la lejanía de su pueblo natal propició el alejamiento receptivo de los cambios que estaba viviendo el país en aquellos tiempos, aún así la estrategia y la táctica militar maoísta actuaron en la mente del artista como catalizador proporcionando la cara opuesta que le otorga al mensaje positivista y espiritual, como si quisiera mostranos la doble naturaleza de todas las cosas. Pero no como medidas contrarias sino como dialéctica constante entre conceptos finalmente no tan opuestos. El tema de la explosión y su fuerza incontrolable que fue el origen primigenio de la vida, la transformación y el flujo de energía o la pólvora, son protagonistas tanto de sus enormes instalaciones como de sus dibujos. Todo para mostrar el movimiento, la representación del tiempo a través del espacio de la sala, el devenir cíclico, que somos materia viva hecha de átomos, que formamos parte del Universo incomprensible (o no) e inabarcable. Un entramado de ramas de un mismo árbol para conformar una compleja visión del arte conceptual.
La obra más conocida de Cai Guo-Qiang son sus “dibujos con pólvora” (gunpowder drawing) y sus grandes instalaciones exteriores a base de juegos de pirotecnia siendo uno de los principales creadores de proyectos artísticos de explosión a gran escala. Es su manera de representar la creación y la destrucción. Sus formas en papel, hechas de polvo explosivo parece que pueden estallar de un momento a otro, mientras que sus performances de fuegos artificiales lo hacen automáticamente. Su fama en este campo le hizo participar en la programación de los Juegos Olímpicos de Beijing el pasado verano.
I want to believe, una tercera dimensión.
En sus instalaciones Guo-Qiang consigue crear un tercer estadio, entre realidad y percepción visual. Un espacio exclusivo para el impacto. Igual que su arte se desliza entre Oriente y Occidente dejando un lugar en medio sólo para su imaginación, lo mismo ocurre cuando traslada sus creaciones al museo. En ese estadio físico presiente, proyecta, crea, y en ese lugar es donde nos coloca para lograr esa conexión con el espectador. En el caso de la instalación Head On (De frente), una manada de 99 lobos a tamaño real se precipita corriendo hacia una pared de cristal. El lobo, metáfora de la fortaleza y la valentía representa el doble juego entre lo intrépido y lo salvaje. Esta enorme instalación fue creada en 2006 para la exposición individual en el Deutsche Guggenheim de Berlín. En consonancia con la historia de la ciudad de Berlín, capital de una nación fuerte, de pasado negro y trágico pero que mira hacia adelante con esperanza y sin miedo. La influencia más directa de esta (también la instalación Reflexión- un regalo de Iwaki, 2004) tiene mucho que ver con las creaciones del artista alemán Josep Beuys, el arte Povera y las obras de otros como Jeff Koons o Damien Hirst. Tres artistas que en general son fuente de inspiración para el arte chino contemporáneo. Koons por su aportación al arte Pop y el polémico Hirst por lo matérico de su obra, utilización de seres vivos en sus trabajos, conservados en formol y el tema de la muerte. Las obras de éstos sobre todo de Beuys, está monopolizada por el extremo uso de los materiales y por la experiencia personal, por su historia más íntima, aspectos que han supuesto una importante influencia para el resto de artistas conceptuales. Es el uso desnudo y potente de los materiales en cada ocasión y el significado distinto que se deviene de éstos tras la obra terminada lo que une al artista chino con este artista alemán. Pero la obra de Guo-Qiang da un paso más allá incluso de lo meramente conceptual. Los dislocados lobos de Head On no son animales disecados como lo serían los de Hirst, no es su representación más o menos realista lo que pretende el artista. Se trata de representar algo en lo que se especializó el arte oriental desde épocas milenarias que no es otra cosa sino la percepción de la poética, más todavía, la búsqueda de la representación de lo espiritual en los seres vivos. Esta maraña de animales realizando torsiones imposibles son la transmutación de lo que ve Guo-Qiang en el mundo. La trampa entre lo real y lo figurado a través de la fibra de vidrio y la piel sintética nos rebela la dicotomia entre lo concreto y lo abstracto. O más bien, el espacio intermedio y confuso que existe entre estas dos dimensiones nos obliga a la reflexión activa, así como el espíritu se mantiene en medio de lo terrenal y la existencia del ser humano siendo consciente en todo momento de la posibilidad de la muerte o de la destrucción.
La instalación que preside Quiero creer lleva por título Inopportune Stage One (2006). En Bilbao ocupa el hall del edificio construido por Frank Gery, en Nueva York, ocupaba el centro cónico de la construcción espiral de Lloyd Wright. Ambos espacios parecen ser el epicentro de la exposición, obra y estrategia a la vez protagoniza el comienzo del itinerario. Es una catarata de nueve coches -bomba idénticos que descienden desde el techo, nueve automóviles reales de los que salen varios tubos fluorescentes de diferentes tamaños que sugieren rayos incandescentes que se desprenden desde el interior, como una explosión. Cada Chevrolets es uno mismo que funcionan como los fotogramas de los experimentos de Muybridge. Sin una intención política concreta, el comunicado es preciso y directo. Uno tras otro, formando una secuencia, provocan un movimiento, permiten recrear la acción, en este caso, el coche-bomba ha sido detonado ante nuestros ojos y lo vemos como a cámara lenta.
Estos meses, la presencia en el mismo espacio expositivo de Murakami y Cai Guo-Qiang convierte Bilbao en la capital del arte asiático con carácter internacional. Este dúo de artistas representan el carácter más innovador del arte chino y japonés. Las dos trayectorias ejemplifican a grandes rasgos las dos tendencias que dominan la escena artística del arte oriental actual. Una la del Neo-pop que surge del auge de una sociedad poderosamente industrial y moderna, la otra, se vale del gran marco que es el arte conceptual posibilitando un enfoque a través de intensos símbolos visuales; habla de la huida de la represión de la tradición, de lo espiritual a través de la materialización. Comisario, artista, coleccionista de obras de arte, promotor de obras sociales y de nuevos museos como el BmoCA ( Bunker Museum of Contemporany Art, Taiwán) e impulsor comprometido de jóvenes talentos, Cai Guo-Qiang vuelve a visitar España en una commemorativa estimulante y transgresora exposición.