“Parejas artísticas. Amor, arte y pasión”. La ciudad de la Haya sigue disfrutando del arte a través del amor.

“Parejas artísticas. Amor, arte y pasión”.  La ciudad de la Haya sigue disfrutando del arte a través del amor.

     “Liefde, kunst, passie”es una exposición inaugurada el pasado 1 Marzo hasta el 1 de Junio en el Museo Municipal de la  Haya (Amsterdam) y refleja el arte desde el punto de vista de la unión romántica, es decir, de los artistas que fueron amados y amantes,  que compartieron creatividad e inspiración. Al parecer la inclusión en todo el mundo, primero en Europa y luego en Estados Unidos, del arte de vanguardia fue el escenario pasional perfecto  para muchas parejas artistas, pues no ha habido una época más prolífica para el amor entre genios creadores como los últimos años del siglo XIX y los primeros cincuenta del siglo XX. En esta ocasión se mezclan la belleza y la masculinidad, la lujuria y el odio, la locura y la clarividencia, el instinto y la intuición en el arte de hombres y mujeres, que decidieron unir sus vidas siendo conscientes en ocasiones de que ese sería un motivo que les garantizaría pasar a la historia.

 

      La exposición reúne 170 obras de unas diecisiete parejas de artistas de entre los años 1880 y 1960. Se trata de una particular selección de piezas y fotografías en las que el discurso sobresaliente reflexiona sobre la potencia creadora que fluye desde el amor, incluso cuando se trata de un amor atormentado. Uniones  como las de Diego Ribera y Frida Kahlo, Lee Krasner y Jackson Pollock, Natalia Goncharova y Mikahil Larionov, Sonia y Robert Delaunay, Hans y Sophie Arp,  y otras no tan populares como la del pintor ruso Alexej Jawlensky y la pintora Marianne von Werefkin o los que fueran los pioneros del fotomontaje, Raoul Hausmann y su mujer Hannah Höch, nos dan una una amplia visión de lo que puede resultar cuando confluyen intensamente la pasión, el trabajo y la creatividad y ha permitido conducir un estudio a fondo de este fenómeno que supone “la pareja de artistas”.

        

         Esta mirada  al amor, al arte y la pasión que hoy está en La Haya viajó primero al museo Wallraf-Richartz de Colonia, Alemania. Esta fantástica idea de reflexionar sobre la influencia del amor en la producción artística y  los préstamos de más de 75 museos y colecciones privadas posibilitaron la reunión de obras que van desde el Dadaísmo al Futurismo, del Cubismo al arte Abstracto o del Expresionismo al Surrealismo. En España  existe el antecedente en 2007 por parte del Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas de Gran Canarias. Una exposición que llevaba por título “El arte y el amor” daba muestra de la repercusión de la relación romántica en las obras de la fascinante pareja formada por Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely, obras que ahora integran la exposición holandesa.            

    En la historia de las relaciones amorosas entre artistas se dan los mismos condicionantes una y otra vez; uno es la teoría de que las personas creativas son más pasionales,  alusión a una vida sexual bastante más activa que el resto de humanos, que no poseemos ese gran poder de seducción el cual  tienen los artistas, un rasgo que parece ser  una cuestión absolutamente genética. Lo cierto es que son muchos los nombres que han ayudado a forjar este tipo de afirmaciones como es el caso de Picasso, Modigliani, Gustav Klimt y hasta Rembrandt.  Las relaciones entre artistas están plagadas de jugosas anécdotas sobre engaños e infidelidades.

     

    El amor, que es un arte en sí mismo, ha resultado pocas veces una ventaja para las mujeres artistas. Es bien conocido que la mujer se mantiene a la sombra del genio creador de su pareja ocupando un papel muy secundario en la esfera de las artes, en muchas ocasiones porque el amor que el hombre siente por una mujer no es tan elevado como el que le profesa a su amor propio.

         Aunque en estos años del siglo pasado la mujer adquiría más autonomía  en su vida personal en relación al sexo opuesto (divorcio, sexualidad), el tema de la emancipación femenina seguía estando supeditado a la desigualdad y a los estereotipos sociales que continuaban enarbolando todo lo masculino. En la sociedad de ese momento que una mujer se dedicara al arte no era demasiado aconsejable aunque existen evidentes excepciones. Dentro de este grupo, las mujeres que decidieron vivir de su talento artístico fueron ignoradas contrariamente a lo que ocurriría con su pareja.  Es lo que aconteció entre la escultora Camille Claudel. amante y alumna de Auguste Rodin y en el primer matrimonio entre Diego Ribera y Frida Kahlo. Es muy posible que no haya duda en el mundo entero de quien fue Wasily Kandisky sin que su genialidad y su fama haya servido de ayuda para dar a conocer a la que fue su pareja durante mas de once años, la pintora expresionista Grabiele Münter. Simplemente la fama de ellos brillaba por encima de ellas.

          Era algo habitual que la mujer se viese eclipsada por la figura de su compañero pero además siempre fueron ellas las que sufrieron más y las que sacrificaron parte de sus etapas más productivas por mantenerse al lado del hombre al que amaban. Lee Krasner  influenciada por Picasso y Matisse, decide finalmente experimentar con el arte abstracto. Fue una de las pioneras del expresionismo abstracto, de moda en el Nueva York de los años cuarenta. Expone en McMillen Gallery con un grupo de expresionistas americanos entre los que se encuentra  el que seria su marido, el pintor Jackson Pollock.

         

Por esa época Pollock aún no era famoso y tenía una grave dependencia hacia el alcohol. Ella se dedicará por completo a hacer de Pollock un artista y aunque nunca abandonó su pintura la prioridad de esta mujer fue sin duda un hombre. Tras la muerte del pintor retomará profundamente su trabajo, de todas formas, su figura siempre fue  relacionada inseparablemente con su marido y a pesar de su idiosincrasia reconocida por artistas y críticos de arte de la época, no será hasta 1965 en Londres y 1973  en Nueva York, que se le realizarán dos grandes retrospectivas.

                                                                                                                                                                    

          Cuando la alianza romántica ha resultado ser  devastadora, muchos artistas han visto su carrera truncada, y ni la más elaborada invocación a las musas de las artes hubiese funcionado ante una ausencia de inspiración, resultado de un desolador fracaso amoroso. Existen ejemplos en la historia del arte de artistas que ante la muerte de la persona amada su respuesta se traduce en una arrolladora creatividad, ejemplos universales fueron los amores post-mortem del poeta Dante y su Beatriz, Petrarca y Laura. Pero esta exposición no trata de amores no correspondidos o de romances idealizados después de la muerte. Esta original exhibición asevera lo peculiar de la situación en el trabajo, el arte y la vida de unos cónyuges de gran temperamento.

  

         Si la relación sentimental es fructífera para ambos puede ocurrir que las influencias entre uno y otro sean frecuentes y se de una especial simbiosis artística  o al revés, que el estilo de cada uno se reafirme y la unión romántica sea impulsora de la independencia en el trabajo o incluso, que el estímulo sea la difícil pero satisfactoria situación que se deriva del amor y el arte. De cualquier forma, en estos casos la relación supone un equilibrio positivo. En cuestiones de productividad artística tanto el amor como el desamor puede ser motivo de inspiración, pero es en el estado de  estabilidad emocional en el que muchos artistas han logrado desarrollar eficazmente su ingenio y perspicacia.

    

         Diego Ribera presentó a Frida a André Breton y Picasso, lo que propició su más ambiciosa exposición. Su relación amorosa produjo un gran vínculo creativo y muy rentable en el que ambos eran sus mayores y más enriquecedores críticos de sus obras, pero las infidelidades de Diego, la mala salud de ella que le impidió entre otras cosas tener hijos, y la casi enfermiza obsesión por el hombre que consideraba el mejor pintor de Méjico, la convirtieron en una mujer marcada por el dolor. Sus cuadros más impresionantes son aquellos en los que su mundo interior  se vuelve pintura siendo ella misma su modelo.

          

     Natalia Goncharova conoció a M. Larionov cuando tenía sólo diecinueve años, a partir de ese momento compartirían su vida y sus trabajos. Juntos desarrollaron el rayonismo y en 1912 encabezan el grupo La cola de Burro junto a otros artistas como Tatlin o Malevich. Goncharova, heredera de lo que Marina Tsvievtáieva llamó el “genio ruso”, fue una pintora prolífica y en este caso, ella llegó a ser más popular que su pareja fuera de Rusia. En París el ya matrimonio colaboró en los diseños de decorados de óperas, teatros y ballets como los de Diaghilev o Rimsky Korsakov. Fue  una pareja muy unida por el amor y la admiración mutua, también compartían las mismas ideas políticas sobre la revolución y las mismas opiniones sobre arte.

    

     Otra pareja convencional que participa en esta exposición es la formada por Alfred Stieglizt y la pintora  Georgia O’Keeffe, el rendimiento de ésta estaba relacionado directamente con el ambiente artístico que la rodeaba a partir de su relación. Stieglizt gustaba de la compañía de mujeres bellas, sus aventuras amorosas fuera del matrimonio eran frecuentes, este ávido interés le lleva a interesarse por una joven O´Keeffe que posaba para él y de la que tomó cientos y cientos de fotografías siendo ya pareja. Estuvieron toda la vida juntos, el éxito les acompañó y se apoyaron mutuamente, ella durante los achaques del  desgastado fotógrafo y él como mecenas y consejero.

 

     El amor que ha sido un tema fundamental en la historia del arte, pintado y esculpido en todas las épocas, se vuelve hilo conductor de esta exposición que habla de su mediación en la relación artística. A pesar de lo complicado que es medir este influjo y el papel que este sentimiento juega en el rendimiento de cada pareja, junta y separada, lo que es cierto es que aunque han habido dúos  perfectamente armoniosos, lo más frecuente es que dos talentos en la misma habitación sea demasiado.

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