
Marcando el inicio de citas ineludibles para el mundo de la pintura, la ciudad de Algemesí comienza el artístico presentando al público el fallo de su Premio Nacional de Pintura que se ha convertido en punto de referencia en España.
Un jurado de excepción, liderado por Felipe Garín y Esteve Adam entre otros críticos y artistas, presididos por el alcalde de la ciudad, Vicente R. Garcia Mont y el regidor de cultura, Gabriel Palop, ha tenido la labor de seleccionar quince obras finalistas que resumen a nivel expositivo la diversidad de conceptos de la pintura contemporánea. En nuestro análisis observamos caminos que van del hiperrealismo al paisaje metafísico, de la gestualidad a otras elaboraciones plásticas que en general abandonan lo matérico… Y, mirando y mirando, nos detenemos en algún que otro redescubrimiento de una figuración neo-expresionista e incisiva, a lo Lucian Freud.
En definitiva, la pintura busca regenerarse a partir de múltiples referentes extraídos del pasado más reciente de la contemporaneidad y abrir así nuevos mecanismos de comunicación, nuevos mensajes a partir de códigos visuales ya creados. Es este giro inesperado del significado la mayor aportación de originalidad de la pintura, que en ocasiones se duerme caprichosa por la falta de audacia de aquellos que dedican su vida a la creación.
En nuestro repaso por las obras seleccionadas de Algemesí, nos detenemos con satisfacción ante el paisaje imaginado y silencioso de Miguel García Cano, que consigue envolvernos en gratas sensaciones y reconfortarnos por su valentía al dibujar su propio terreno. Es un paisaje que habita en su propio ecosistema al margen de las pretensiones de otros cuadros compañeros.
Otra sorpresa ante la comodidad que atesora la mayoría de los lienzos nos la da la obra presentada a concurso por Juan José Martín. “Conspiración” es una autentica reflexión sobre la definición de la pintura que se abre hacia una concepción amplia de la imagen que pasea sigilosa sobre sus límites y esencias. Las obras de este joven artista transitan por el diseño gráfico, por el dibujo y la valoración crítica y sutil de la composición figurativa.
Y también valiente por la reivindicación de la pintura-pintura en sentido laxo de la palabra y de la plasticidad es el lienzo de Javier Palacios, un joven pintor-pintor de ha volcado en el lienzo las bases esenciales del dominio de la técnica que se vuelve emotiva y vigorosa cuando se expresa con tal sinceridad. Un merecido accésit que seguro sirve para impulsar la trayectoria de este artista.
La obra ganadora de Pérez Igualada es un punto y aparte en el discurso sin sobresaltos concertado en la sala, es una sutileza dibujística que se esgrime con gesto, con rapidez de ejecución y de efecto expresivo. Sus trazos nos conducen al mundo urbano de los años cincuenta, a momentos cinematografiados, a secuencias y planos de la memoria que incluso miran de reojo a Penagos. Exquisita pieza que no pierde aliento a la hora de enfrentarse con colorismos, pigmentos y compensaciones cromáticas.
Con ello, cerramos nuestra crónica a la usanza de la tradición crítica de los salones y exposiciones, que mantiene siempre los rescoldos para avivarse en rigurosidad o desfogarse en verdadera llama.
Museu de la Festa - C/ Nou del Convent - Algemesí